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Los hábitos de higiene, muy útiles y saludables en el día a día, nos brindan bienestar y en ocasiones se convierten en una muestra de consideración a quienes conviven con nosotros, a otros usuarios y a los que limpian. Desde niños somos criados con hábitos para conservar la salud y prevenir enfermedades. Estos hábitos son enseñados por lo general por nuestras madres y luego son transmitidos a nuestros hijos independientemente de nuestra condición económica, aunque en ellos influyen las costumbres locales y el entorno cultural. Hay lugares en los que la gente se baña una e incluso dos veces al día y otros en los que bañarse una vez por semana es lo usual. Hay personas limpias y personas que no lo son tanto. Por doquier vemos gente que anda descalza y con los pies sucios, gente que vive rascándose la cabeza, hurgándose la nariz y sacándose la mugre de las uñas y de los dientes en frente de los demás. Y encontramos a los extremadamente limpios, que además de lavarse las manos a cada rato, se aguantan con tal de no entrar a un baño público, no dan la mano, no abren manijas ni tocan barandas y andan por la vida con tapaboca y desinfectantes antibacteriales. Sin ser una viajera frecuente ni pasármela de país en país, hace muy poco viajé con mi pareja y con agrado encontré en el baño del avión normas de cortesía muy detalladas que invitaban a secar el lavamanos y limpiar con pañitos el inodoro después de su uso, norma que cumplimos la mayoría de viajeros durante el vuelo, a diferencia de la pesadilla que viví en algún otro vuelo hace algunos años, cuando además de la poca higiene en los baños, tuve que aguantar el penetrante mal olor de mis compañeros de asiento durante más de nueve horas. Para este viaje llevé mis elementos de aseo necesarios y hasta jabón y suavizante de ropa para lavar algunas prendas que nunca me atrevería a repetir y evité andar descalza (temo a los hongos de baños y habitaciones de hoteles). Fue grato encontrar sábanas y almohadas finas y limpias y tantos artículos para el confort e higiene como kleenex, paños húmedos, cepillo y crema de dientes acompañados de seda dental, peines, delicados jabones en barra y gel de baño, crema para el cuerpo, champú y acondicionador; paños para abrillantar los zapatos y calzadores; limas, algodones, bolsas grandes y pequeñas para desechar o guardar; secador, plancha, estuche de costura y alpargatas de seda o en tela de toalla para caminar por la habitación.Todo dispuesto y pensado para la comodidad de los huéspedesy el aseo. Pero luego, la placidez del limpio y perfumado ambiente se esfumó con un paseo en metro en el que el desagradable olor a sudor de algunos pasajeros que tal vez, acostumbrados a sus propios humores, no notaron que les hacia falta desodorante. En un reciente viaje a un congreso en una universidad en la que los dormitorios estudiantiles estaban dispuestos para quienes veníamos de otros paises, la sala de estar comunal tenía una cocina equipada limpia y muy bonita y utilicé la nevera para refrigerar la fruta y el yogur de mi desayuno. Al volver a la mañana siguiente, el lugar estaba transformado! comida desparramada, sartenes aceitosas sin lavar y platos desechables usados tirados en cualquier lugar menos en la basura. Y casi ni encuentro mis víveres! Los autores de semejante desorden eran personas con bebés que asistían al congreso (que bien podían limpiar porque llevaban a sus bebés en portabebés con las manos libres) y la encargada del aseo del edificio estudiantil (no del aseo de la sala de estar) les reclamaba enojada diciendo que los alumnos son más limpios que ellos y que deberían estar inculcando buenos hábitos a sus pequeños. Y hablando de pequeños, es sabido que su ropa no dura limpia mucho tiempo y que es bueno permitirles que se ensucien todo lo quieran conociendo texturas, alimentos, jugando en la arena, en un parque, en fin, descubriendo el mundo. Ser limpio no tiene nada que ver con permitirles ensuciarse (y permitirse ensuciarse). Para eso existen los jabones y los detergentes. Limpieza y comodidad tienen mucho en común, sobre todo en el baño: Es confortable encontrar papel (no sobra tener un estuche de papel en la cartera), comprobar que si nos pusimos jabón en las manos antes de abrir la llave del agua, esta salga; bañarse en una ducha y que el agua no termine cubriendo nuestros pies porque no drena por causa de pelos y cabellos estancados (que tampoco deberían verse en ninguna parte del baño) y que cuando bajemos la cisterna, baje también el contenido completamente y en una sola descarga. Ni que decir de encontrar la taza limpia sin líquidos corporales ni ver que han depositado desechos no cubiertos en la basura de un baño. Da gusto que seamos considerados y dejemos el baño limpio al utilizarlo, que sequemos el agua de la duchan que quede en el piso al terminar, que abramos una ventanita para que los malos olores se vayan y que envolvamos cuidadosamente los elementos que ya hemos utilizado durante “aquellos días” (u otros días) y los depositemos discretamente en la basura, o en una basura bien lejana como cuando se trata de pañales desechables sucios. Actos tan simples como limpiar si ensuciamos y secar si mojamos, lavarnos las manos antes de comer, al ir al baño y al limpiar a nuestros pequeños contribuyen la buena salud. Encontrar una mesa limpia, retirar la loza al terminar y desde luego lavarla es provechoso. Sacar la basura, pasar una escoba, pasar un trapo, lavar la ropa… Y no es necesario gastar nuestro sueldo en un equipo de limpieza, mucho menos cuando tenemos pequeños, ni estar todos los días como si acabáramos de salir del salón de belleza (ni ir al salón de belleza); no es necesario gastar fortunas en ropa o permanecer durante todo el día comiendo chicle o perejil para tener aliento fresco, ni que los demás perciban nuestro perfume a varios kilómetros a la redonda. Independientemente de algo de desorden o que haya días en que no queremos ni bañarnos, si por lo general aseamos nuestro lugar de vivienda o de trabajo (o pedimos ayuda si no podemos hacerlo); si tenemos el cuerpo, las uñas y el cabello limpios así los adornemos de todos los colores y si nuestra ropa está limpia y planchada, por más modesta que sea, reflejaremos pulcritud y seguro nos sentiremos bien, nos veremos bien y estaremos cómodos.

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PERFIL
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Mi nombre es Valeria Calderón. Lidero el proyecto "AYU quiere a los niños" que nació para brindar información y apoyo sobre el fascinante mundo de la crianza con amor y en brazos, la maternidad y la lactancia. Soy abogada, doula y educadora prenatal, perinatal y postnatal. Trabajo desde hace varios años voluntariamente en espacios de apoyo madre a madre, manejo de contenidos y escribo artículos para empresas y campañas relacionadas con la maternidad y los niños. También dirijo una empresa de portabebés (www.babyayu.com), que brinda protección a la niñez, ayuda a mamás que se quedan en casa quienes los venden y a mujeres indígenas de Colombia. He tenido la feliz experiencia de llevar en brazos y amamantar a mis bebés, a quienes llamo "NIÑOS DE LECHE". Espero poder ayudarte en este hermoso camino de la maternidad, ¡para que tus pequeños siempre estén cerca de tu corazón y de tus besos! Puedes llamarme al cel. 3102295765, escribirme a [email protected], leer otros de mis artículos en www.nenesdeleche.com y hacerte fan de mi página en facebook. Todo el material de las publicaciones que se encuentran en esta pagina es suministrado para información general y no sustituye consejo médico o de otro profesional de la salud. Tanto el ABC del bebé como yo no nos hacemos responsables por cualquier diagnóstico realizado por algún lector basado en sus contenidos. Cuando tengas dudas sobre temas de salud, siempre consulta a un médico.

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